Linux, como proyecto, tiene muchos contribuyentes y más de 100 personas encargadas del mantenimiento del kernel. Sin embargo, la línea principal del sistema operativo tiene una instancia de definición final cuando los cambios llegan al escritorio de Linus Torvalds.
Tener una figura central que combine conocimiento y el respeto de sus pares es muy bueno para una organización. Pero también plantea una pregunta de forma inevitable. ¿Qué pasa si el día de mañana esa figura ya no está?
El borrador
La semana pasada un borrador detallando el camino a seguir en caso de tener que reemplazar a la máxima figura del mundo Linux se ha incorporado a la documentación oficial. En el texto resalta la existencia de los encargados del mantenimiento y como cada uno actúa con independencia, pero también se reconoce que el proceso tiende luego a centralizarse.
En cierto punto se explica que si quienes mantienen el repositorio principal no quisieran o no pudieran hacer el trabajo, y no pudieran facilitar la transición, el proyecto necesitará uno o más reemplazos rápidamente.
Dentro de 72 horas deberá iniciarse una discusión invitando a quienes se ocupan de mantenimiento y a la junta de consejo técnico de la fundación Linux. El objetivo de este, y otros encuentros en caso de que el proceso se complique, será considerar las opciones para el manejo de más alto nivel del repositorio.
El proceso de transición estará siempre en manos de la fundación.
La confianza de Linus
Cuando se le ha consultado sobre una posible sucesión Torvalds se ha mostrado confiado. Ha mencionado que hay mucha gente competente en el proyecto que podría dar el paso adelante. Además, resaltó que aunque existe cierto envejecimiento en la organización, sigue llegando gente joven que en poco tiempo se convierten en desarrolladores principales.





