Al este de Croacía, en una antigua fortaleza, se descubrieron los restos de un presunto vampiro. Su apariencia ha sido reconstruida gracias a la combinación de una serie de técnicas y herramientas.
¿Como sabemos que era un vampiro? Sabemos que alguien creyó que era un vampiro. La razón es que el cuerpo había sido enterrado, pero luego alguien lo exhumó y separó la cabeza del resto del cuerpo y luego lo enterró nuevamente mirando hacia abajo y con piedras pesadas encima. Nada de eso es algo que se haga para el simple panadero del pueblo.
Un pasado violento
Una de las arqueólogas que participó en la excavación, Natasa Sarkic, explica como podría haberse originado esta idea. En el cuerpo se encontraron rastros de al menos tres episodios de violencia. Uno de ellos desfiguró su rostro, otro resultó fatal. Un comportamiento violento y una apariencia desagradable habrían contribuido al temor que generaba entre sus vecinos. Las personas con una vida violenta, se consideraba en la tradición eslava, podrían convertirse en vampiros tras su muerte.
La reconstrucción
El cráneo estaba dividido en varios fragmentos. Una tomografía computado permitió la captura de los pedazos. Un experto se encargó de tomarlos y reconstruir el conjunto. Pero lo más interesante ocurrió en el segundo paso. Voluntarios aportaron su propia imagen para calcular la ubicación del tejido blando y diferentes características faciales.

Luego se utilizó una técnica conocida como deformación anatómica. Con ella la imagen de los donadores fue ajustada al cráneo reconstruido para producir un rostro posible.
El resultado es un modelo con muchos de los rasgos bien definidos, salvo el tono de la piel y el pelo. Una segunda versión del rostro, con licencias artísticas, fue producida por el grupo de investigadores. Cicero Moraes, el artista a cargo de la reconstrucción, señaló que intentó darle una apariencia hostil.






