Lunes, 4 de Febrero de 2019

Los automóviles sin conductor podrían empeorar el tránsito

Un estudio realizado sobre los problemas de estacionamiento en las grandes ciudades apunta que esta tecnología traería nuevos desafíos y haría ineficaces muchas soluciones tradicionales.

Aunque los automóviles sin conductor a menudo han sido vistos como un avance en confort, seguridad y eficiencia es posible que los resultados de su implementación no sean todo lo que esperamos. Un estudio realizado por Adam Millard-Ball, profesor de la Universidad de California, advierte que las decisiones realizadas por las inteligencias artificiales pueden no coincidir con nuestros intereses.

Los autos podrían transitar a paso de caracol las calles de la ciudad, porque en muchos casos les sería más barato que estacionar. Esta alternativa puede resultar ridícula para un auto tripulado, simplemente porque el conductor tiene mejores cosas que hacer que pasarse el día conduciendo, pero es una posibilidad técnica real para un auto sin conductor. Aún más, los automóviles podrían fomentar los atascos, coordinar sus movimientos para que estos se produzcan, porque las velocidades más reducidas ofrecerían un menor costo.

Millard-Ball calculó a través de varios modelos de simulación de tráfico que, en el mejor escenario, la puesta en marcha de 2.000 automóviles sin conductor podría reducir la velocidad del tráfico en San Francisco en 3 kilómetros por hora.

Los automóviles sin conductor suponen un gran desafío porque no se les puede aplicár la misma lógica que a los conducidos por seres humanos. Por ejemplo, el subsidio para los espacios de estacionamiento periféricos podría incluso empeorar la situación al reducir los costos del transporte. Los autos conducirían durante más tiempo para llegar a los puntos más económicos.

Una posible solución

El estudio sugiere que para que no se produzcan inconvenientes las ciudades deberían imponer una tarifa de entrada que desaliente el congestionamiento, como ocurre en Londres o Estocolmo. Pero estas tarifas deberían basarse por un lado en el tiempo en que el vehículo ocupa el espacio público, esté estacionado o en movimiento, y por otro la distancia o energía consumida.

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