Martes, 1 de Febrero de 2011

Reflexión: ¿Quién realmente necesita un smartphone?

Por qué se compra un smartphone, ¿por necesidad o por deseo? La revolución de los smartphones ha llegado a todos. Hasta a la gente que no necesita uno. Eso, sumado a la trampa de los operadores de subsidiar sus precios para que queden más cerca de los teléfonos más económicos, logra que todos tengamos el deseo de adquirir uno. Ahora, muy bien, ¿quién necesita un smartphone? Veamos un par de ejemplos de quienes, definitivamente, no lo necesitan. Seguramente, un vendedor avesado de estos equipos le dirá a una de sus presas: «Puede publicar todo en Facebook, en el acto, sin usar una computadora». Y el comprador se irá contento con su nuevo juguete, revisando por la calle los estados y fotos de sus amigos, y subiendo la información propia, cuando antes se preocupaba poco por esta red social. Si el cliente va al local de celulares vestido con traje y corbata, la reacción del vendedor será muy simple. Le indicará que con este nuevo equipo ideal para el ejecutivo móvil podrá revisar sus correos electrónicos. Luego de concretar la compra, el usuario se aflojará el nudo de la corbata y, feliz, se llevará trabajo a casa al estar contínuamente al tanto de sus mensajes de correo laborales, aún los fines de semana. «Quiero un teléfono que me permita parecer elegante y estar a la moda», pide otro cliente. El vendedor satisface ese pedido y le vende uno con carcasa negra y borde de metal, con una amplia pantalla de 16 millones de colores. Y el nuevo poseedor de un smartphone se va orgulloso, aunque casi tropieza por culpa de sus viejos zapatos, con una puntera a medio despegar y tras postergar desde hace unos meses la compra de un nuevo par. «Quiero un smartphone, porque mi teléfono ya no anda», dice alguien, pidiéndole el consejo a un amigo que sabe de tecnología. «Pero vas a gastar más de abono», le responde. «No, yo lo voy a usar con mi abono mínimo y me conectaré sólo por wi-fi», dice, jactándose de que tiene la situación controlada. «Este celular es una porquería, me gastó el crédito en dos días», terminará quejándose a la semana, luego de dejar abierto por olvido el browser. Pero seguimos sin responder ¿quién necesita un smartphone? Es la pregunta del millón. Para el operador de telefonía celular y el vendedor de teléfonos es fácil resolverlo: «todos». Para el ser más ultraobjetivo del universo, la solución puede ser «nadie». La respuesta adecuada es más complicada. Veamos un par de ejemplos de quienes sí requieren uno. Si uno ya utiliza todos los servicios que brinda un smartphone en otras plataformas, quizás sea hora de adquirir uno. Para decirlo en pocas palabras, usemos Facebook y Twitter antes en una computadora, y no compremos un celular de alto costo sólo para comprobar si así utilizaremos más estas redes. En cambio, si lo que uno necesita es sólo un GPS, quizás lo mejor sea comprar un equipo GPS autónomo. Adquirir un smartphone devendrá en gastar de más, tener que comprar los mapas y no tener la función cuando se la necesite por no llegar rápidamente a la función deseada o por la descarga de la batería. Quienes deseen gastar sólo en un abono convencional sin acceder a un plan de datos, lo mejor será quedarse con un celular de gama media. La mayoría de las ventajas de un smartphone están relacionadas con la posibilidad de acceder a Internet. Y si compramos un celular inteligente y no nos podemos conectar a la Web, nos sentiremos como tripulantes de un yate de lujo en medio del desierto. Las personas que deseen estar todo el tiempo conectadas o deban hacerlo por cuestiones laborales, entonces sí requerirán un celular inteligente. La posibilidad de contestar correos, ingresar datos en páginas web y realizar llamadas de larga distancia por VoIP, entre otras funciones, les ayudará a sacarle real provecho a un smartphone. Aquellos usuarios que viajen con frecuencia seguramente requerirán un smartphone. La posibilidad de estar en contacto con sus familiares de varias formas distintas (teléfono, mensajeros, mail, redes sociales) es una característica que les puede ayudar y mucho. Además, algunas aplicaciones le servirán a pasarla mejor, como la posibilidad de realizar traducciones en tiempo real o el trazado de recorridos. Y, finalmente, los talibanes de la tecnología. Porque un poco de fanatismo está bien, pero tanto es abuso. Ellos sí quieren el último gadget para demostrarle a todos la cantidad de funcionalidades que pueden hacer con su smartphone. Cuídense de ellos, son más peligrosos que los vendedores de celulares e intentarán convencerlos de que necesitan un smartphone. Pero cuidado, no se compren uno mejor que el de ellos, porque se habrán ganado un enemigo. Para el resto de los mortales, un celular de gama media nos puede venir de maravillas. ¿O no? Por Alejandro D’Agostino Twitter: @lale_

La revolución de los smartphones ha llegado a todos. Hasta a la gente que no necesita uno. Eso, sumado a la trampa de los operadores de subsidiar sus precios para que queden más cerca de los teléfonos más económicos, logra que todos tengamos el deseo de adquirir uno.

Ahora, muy bien, ¿quién necesita un smartphone? Veamos un par de ejemplos de quienes, definitivamente, no lo necesitan.

Seguramente, un vendedor avesado de estos equipos le dirá a una de sus presas: «Puede publicar todo en Facebook, en el acto, sin usar una computadora». Y el comprador se irá contento con su nuevo juguete, revisando por la calle los estados y fotos de sus amigos, y subiendo la información propia, cuando antes se preocupaba poco por esta red social.

Si el cliente va al local de celulares vestido con traje y corbata, la reacción del vendedor será muy simple. Le indicará que con este nuevo equipo ideal para el ejecutivo móvil podrá revisar sus correos electrónicos. Luego de concretar la compra, el usuario se aflojará el nudo de la corbata y, feliz, se llevará trabajo a casa al estar contínuamente al tanto de sus mensajes de correo laborales, aún los fines de semana.

«Quiero un teléfono que me permita parecer elegante y estar a la moda», pide otro cliente. El vendedor satisface ese pedido y le vende uno con carcasa negra y borde de metal, con una amplia pantalla de 16 millones de colores. Y el nuevo poseedor de un smartphone se va orgulloso, aunque casi tropieza por culpa de sus viejos zapatos, con una puntera a medio despegar y tras postergar desde hace unos meses la compra de un nuevo par.

«Quiero un smartphone, porque mi teléfono ya no anda», dice alguien, pidiéndole el consejo a un amigo que sabe de tecnología. «Pero vas a gastar más de abono», le responde. «No, yo lo voy a usar con mi abono mínimo y me conectaré sólo por wi-fi», dice, jactándose de que tiene la situación controlada. «Este celular es una porquería, me gastó el crédito en dos días», terminará quejándose a la semana, luego de dejar abierto por olvido el browser.

Pero seguimos sin responder ¿quién necesita un smartphone? Es la pregunta del millón. Para el operador de telefonía celular y el vendedor de teléfonos es fácil resolverlo: «todos». Para el ser más ultraobjetivo del universo, la solución puede ser «nadie». La respuesta adecuada es más complicada. Veamos un par de ejemplos de quienes sí requieren uno.

Si uno ya utiliza todos los servicios que brinda un smartphone en otras plataformas, quizás sea hora de adquirir uno. Para decirlo en pocas palabras, usemos Facebook y Twitter antes en una computadora, y no compremos un celular de alto costo sólo para comprobar si así utilizaremos más estas redes.

En cambio, si lo que uno necesita es sólo un GPS, quizás lo mejor sea comprar un equipo GPS autónomo. Adquirir un smartphone devendrá en gastar de más, tener que comprar los mapas y no tener la función cuando se la necesite por no llegar rápidamente a la función deseada o por la descarga de la batería.

Quienes deseen gastar sólo en un abono convencional sin acceder a un plan de datos, lo mejor será quedarse con un celular de gama media. La mayoría de las ventajas de un smartphone están relacionadas con la posibilidad de acceder a Internet. Y si compramos un celular inteligente y no nos podemos conectar a la Web, nos sentiremos como tripulantes de un yate de lujo en medio del desierto.

Las personas que deseen estar todo el tiempo conectadas o deban hacerlo por cuestiones laborales, entonces sí requerirán un celular inteligente. La posibilidad de contestar correos, ingresar datos en páginas web y realizar llamadas de larga distancia por VoIP, entre otras funciones, les ayudará a sacarle real provecho a un smartphone.

Aquellos usuarios que viajen con frecuencia seguramente requerirán un smartphone. La posibilidad de estar en contacto con sus familiares de varias formas distintas (teléfono, mensajeros, mail, redes sociales) es una característica que les puede ayudar y mucho. Además, algunas aplicaciones le servirán a pasarla mejor, como la posibilidad de realizar traducciones en tiempo real o el trazado de recorridos.

Y, finalmente, los talibanes de la tecnología. Porque un poco de fanatismo está bien, pero tanto es abuso. Ellos sí quieren el último gadget para demostrarle a todos la cantidad de funcionalidades que pueden hacer con su smartphone. Cuídense de ellos, son más peligrosos que los vendedores de celulares e intentarán convencerlos de que necesitan un smartphone. Pero cuidado, no se compren uno mejor que el de ellos, porque se habrán ganado un enemigo.

Para el resto de los mortales, un celular de gama media nos puede venir de maravillas. ¿O no?

Por Alejandro D’Agostino

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