La llamada “crisis del cobre” se explica cada vez menos por el mundo digital liviano y cada vez más por la infraestructura física que exige la inteligencia artificial. A medida que crecen los centros de datos, crece también su demanda eléctrica y, con ella, la necesidad de cobre en toda la cadena.
Auto: Claudio Botini
La IA vuelve material a la nube y endurece los límites del centro de datos
El Informe describe un giro: la expansión de la inteligencia artificial ya no se sostiene solo con mejores modelos, chips o software, porque entrenar y operar sistemas cada vez más grandes obliga a concentrar cómputo en edificios concretos. Ese cambio convierte al centro de datos en una instalación de escala industrial que ocupa territorio, requiere de planificación y fija decisiones a largo plazo, aunque para el usuario final la experiencia parezca igual.
En esta etapa, el crecimiento pasa por “construir” tanto como por “optimizar”: más potencia implica más distribución eléctrica interna, más respaldo y más refrigeración, con cargas altas y continuas que no se pueden mover a horarios de menor demanda.
La eficiencia energética sigue ayudando, pero deja de compensar el aumento total de operaciones: aun con hardware más eficiente, el volumen de cómputo crece más rápido y el consumo eléctrico termina marcando el tamaño real de la IA.

Un centro de datos moderno es, sobre todo, infraestructura eléctrica: distribución interna, respaldo y refrigeración sostienen el cómputo intensivo.
Dónde se usa el cobre y por qué la red eléctrica es el gran cuello de botella
Una vez que la energía entra al centro de datos, la distribución interna debe sostener corrientes altas las 24 horas con márgenes estrictos. Por eso el cobre domina en cableado, barras colectoras y sistemas de puesta a tierra, donde importa la conducción segura y la protección ante fallas.
El documento remarca que el aumento de densidad por rack multiplica estas necesidades y que, cuando las corrientes suben, los cables dejan de ser lo más práctico y aparecen las barras colectoras, que además imponen condiciones estructurales dentro del edificio. A la par, el calor obliga a integrar refrigeración cada vez más exigente, lo que vuelve a sumar infraestructura asociada.
Sin embargo, la mayor presión aparece fuera del edificio. Para abastecer centros de datos orientados a IA, la red eléctrica debe adaptarse a cargas concentradas, constantes y poco tolerantes a interrupciones. Eso empuja ampliaciones o construcción de subestaciones específicas y refuerzos en líneas de transmisión y distribución que se extienden por kilómetros.
El punto crítico, según el texto, son los tiempos: permisos, estudios, servidumbres y obras civiles suelen medirse en años, mientras que el despliegue digital se acelera. En la práctica, la red se transforma en el límite operativo que puede frenar proyectos completos, y esa expansión física es, a la vez, un multiplicador directo de demanda de cobre.

Las barras colectoras permiten reducir pérdidas, mejorar la disipación del calor y simplifi car la arquitectura interna del centro de datos.
Oferta rígida, presión global y el rol de Chile frente a la demanda estructural
El Informe conecta esta demanda con otros motores de electrificación que avanzan en paralelo, como vehículos eléctricos y energías renovables, que también requieren cobre y, además, redes robustas para integrarse. Esa superposición vuelve el problema global: varios sectores compiten por el mismo recurso en los mismos plazos.
Del lado de la oferta, la minería responde con ritmos lentos: desde exploración hasta producción sostenida hay etapas largas que no se pueden comprimir sin sumar riesgos. A esto se suma la caída en el rendimiento del mineral, que obliga a mover y procesar más roca para obtener el mismo metal, aumentando energía, agua e infraestructura. También aparece la refinación como un cuello de botella industrial, porque ampliar la capacidad requiere inversiones y condiciones ambientales y energéticas exigentes.
En este escenario, el mercado muestra señales de tensión: más volatilidad, planificación anticipada y contratos de suministro directo para reducir incertidumbre. Chile, como mayor productor mundial, queda en el centro del tablero, pero con límites operativos claros, especialmente por disponibilidad de energía y agua, con soluciones como desalación y transporte a larga distancia que agregan costos y tiempos.
Frente a alternativas, el texto plantea que la sustitución por aluminio solo sirve en ciertos tramos y exige más sección y espacio. Por su parte, el reciclaje ayuda, pero depende del cobre disponible para recuperar y no crece al ritmo del consumo futuro. La eficiencia mejora el uso, aunque no alcanza para compensar la escala de construcción.
Así, el cobre funciona como un indicador temprano: la expansión de la IA entra de lleno en la economía de los recursos y obliga a pensar la infraestructura eléctrica, materiales y planificación industrial como condiciones del crecimiento digital.

Desde la exploración inicial hasta la producción sostenida, un proyecto minero requiere largos períodos de estudio, permisos, obras y puesta en régimen.
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