El Banco de Pagos Internacionales (BIS) ha publicado su reporte de 2026 sobre la economía global. En el mismo advierte que existen muchos puntos en común entre la situación actual, con la irrupción de la inteligencia artificial, y los periodos previos a crisis de gran impacto del pasado. Entre ellas la de las punto como en los 90 y la electrificación en 1920.
Los periodos de crisis considerados tienen en común la aparición de un avance tecnológico real que atrajo una cantidad excesiva de capital en comparación al retorno comercial que podía producirse. El resultado final fue una retracción en la inversiones y el apoyo financiero. Lo que produjo un periodo de recesión.
El potencial de la automatización de las IA
La organización reconoce el potencial de la tecnología. Explica que según algunos estudios la automatización puede ofrecer ahorros de entre el 20 al 50%. Aunque apunta que el aumento en la productividad tiende a ser mucho menor y apenas alcanza al 1%. El problema es muy probablemente que todavía existen muchas dificultades para la adopción y la integración en los procesos productivos. Pero hay un amplio margen por ganar. Sobre todo si es posible automatizar la creación de conocimiento.
Existen dos riesgos importantes para la industria. Uno a corto plazo y otro a largo plazo.
El ritmo de la inversión y el ritmo de los resultados
A corto plazo, señala el reporte, el boom de inversión en inteligencia artificial podría no ser sostenible con el actual ritmo de expansión económica. Las empresas que más están invirtiendo en IA (conocidas como hyperscalers) habrán gastado entre 2025 y 2026 más de un billón de dólares. Lo que refleja la convicción con la que se han lanzado al desarrollo.

Todas estas inversiones están superando notablemente los ingresos que obtienen las empresas, llevando a problemas de financiación y endeudamiento. El BIS señala que las compañías creen que solo unos pocos jugadores dominarán el mercado y eso lleva a una competencia muy intensa y como consecuencia a un exceso en los compromisos adquiridos sobre proyectos que no tienen retornos garantizados. La competencia férrea también contribuye a una reducción de las ganancias producidas.
El resultado final puede ser un momento de desilusión enorme que traiga a consecuencia una retracción financiera y un empeoramiento severo de las finanzas de las empresas. Esto es, el reventar de la burbuja.
Otro riesgo asociado sería la incapacidad de aprovechar la tecnología al máximo debido a las escasez de suministros, en componentes electrónicos, pero también en energía. Estos inconvenientes podría exacerbar la sobre inversión de las empresas que intentan establecer contratos a largo plazo. Lo que llevaría a una mayor exposición a los efectos negativos de un periodo de decepción.
El riesgo a largo plazo: Ford tenía razón
Henry Ford fue un hombre con notables defectos, pero fue una pieza clave dentro de un proceso de automatización que acompañó el auge de la industria automotriz. Una idea interesante que presentó el empresario fue la necesidad de pagarle bien a sus empleados por la simple razón que era la única forma en la que ellos mismos podrían comprar uno de los autos que fabricaban.
Si no hay trabajadores no hay consumidores, si no hay consumidores no hay industria.

El BIS apunta que la IA tiene el potencial para reemplazar al trabajo humano y generar un ciclo de mejoramiento continuo. Como consecuencia podría llevar a la economía a una era de crecimiento super exponencial.
Pero la ecuación es más compleja. Muchas de las proyecciones que se realizan consideran un escenario donde la demanda de los consumidores crece en paralelo a igual ritmo. La automatización que produce la IA supone un traslado de los ingresos que quedaban en manos de los trabajadores humanos. Esos ingresos que antes se utilizaban para comprar productos y pagar servicios, ahora se utilizan para invertir más en inteligencia artificial.
En este escenario la productividad se estanca no por limitaciones tecnológicas, sino porque la caída de la demanda actúa como un cuello de botella. No hay suficientes obreros para comprar los nuevos autos.
Nubes negras en el horizonte
A medida que avance la inteligencia artificial el desplazamiento del trabajo se podría intensificar. Lo que está aún por verse es la capacidad de esta tecnología para generar nuevos trabajos lo suficiente como para compensar las pérdidas. El BIS advierte que la IA es única en el sentido de que compite directamente con las capacidades cognitivas del ser humano, por lo que reduce significativamente la capacidad de los trabajadores de encontrar nuevos puestos no afectados.
La organización apunta que el desplazamiento a gran escala todavía no ha ocurrido, pero hay signos que apuntan al mismo.
Más allá de lo advertido por el reporte, aún en el peor escenario la humanidad tendrá sus beneficios. En todos los casos citados la infraestructura producida no desapareció, y fue un pilar de muchos avances posteriores.





