El martes de la semana pasada Meta lanzó un sistema de inteligencia artificial para la generación de imágenes. Muse tenía, entre otras características, la posibilidad de producir material en base a las imágenes publicadas en Instagram. La idea en sí no era mala, pero tenía cierto problema de implementación. Por defecto asumía que todos los usuarios habían otorgado permiso para utilizar sus publicaciones en estas tareas.
Todos los adultos estaban automáticamente incluidos, no solo los usuarios de Muse. Era posible elegir entre las imágenes publicadas de la cuenta de otro usuario y producir una imagen. Esta opción no era un error, la compañía había promovido la posibilidad como una importante característica del sistema.
En Instagram y algunas otras redes sociales similares, es muy común que se den fenómenos virales en las que creadores de contenido retoman parte de lo creado por otros. Críticas, referencias, o simples reacciones. Así que es posible imaginar que Meta haya pensado que ese sería el juego. Obviamente no pensó la cuestión con cuidado.
Respuesta
La respuesta de los usuarios y del público en general fue la esperada por cualquier persona que hubiera pensado la situación por más de un minuto. Cientos de usuarios comenzaron a quejarse a través de las redes sociales y a preguntar como podían retirar su permiso. Ese que nunca habían dado.
La compañía recordó que solo las cuentas públicas de mayores de 18 años estaban sujetas a este uso del material publicado. También aseguró que estaban atentos a cualquier mal uso de la IA. Obviamente estos señalamientos no cambiaron la situación. Para muchos usuarios las dos únicas opciones que quedaban eran: o bien hacer que la cuenta fuera privada, o desactivar la opción que permitía la reutilización del material que publicaban.
El final
Meta se dio cuenta de que había metido la pata. El viernes de esa misma semana eliminó la polémica función. La compañía explicó que su intención había sido ofrecer una herramienta para la creatividad y que los usuarios pudieran elegir compartir su contenido a través de dicho medio. Pero que habían escuchado a los usuarios y entendido que se habían equivocado.
No es la primera vez en que una empresa actúa con la premisa que es mejor pedir perdón que permiso.




