Este Informe USERS retoma el trabajo con ChatGPT Sites iniciado en el Informe USERS 600 y da el paso de una web estática a una aplicación que guarda información. El caso práctico es un sistema de reservas para un coworking ficticio, construido íntegramente a partir de prompts sucesivos.
Autor: Elisa Belmar
Una base de datos detrás de la interfaz
La diferencia central con un sitio convencional aparece después de confirmar una reserva. Ese registro tiene que persistir aunque el usuario cierre el navegador y, a la vez, quedar a la vista de quien administra el espacio.
Para eso Sites ofrece D1, una base de datos del tipo SQLite (un motor liviano de bases relacionales) que funciona en el servidor y no en el dispositivo del usuario.
La autora organiza la información en cuatro tablas vinculadas entre sí: salas, usuarios, reservas y bloqueos por mantenimiento. Cada reserva guarda el identificador de la sala y del usuario en lugar de repetir sus datos.
Ese vínculo, llamado clave foránea (un campo que apunta al registro de otra tabla), permite renombrar una sala sin romper sus reservas y evita que existan reservas asociadas a salas o personas inexistentes.
El primer prompt solo arma la navegación y las pantallas, sin datos inventados. El segundo crea las tablas y carga cuatro salas de ejemplo con una condición precisa: la carga inicial debe poder repetirse sin duplicar registros.

Vista inicial de la aplicación y su navegación.
Reglas que se validan en el servidor
Con la estructura lista, el catálogo pasa a leer directamente la tabla de salas. La disponibilidad no se almacena como una etiqueta fija: se calcula en cada búsqueda a partir de las reservas y los bloqueos vigentes en ese momento.
El sistema trabaja de lunes a viernes entre las 9 y las 18, con intervalos de media hora y una zona horaria definida para que la misma reserva no se muestre con horas distintas según el dispositivo. También rechaza fechas pasadas e intervalos inválidos.
Para reservar hace falta iniciar sesión con la cuenta de ChatGPT. La identidad sale de ese acceso y no de un nombre escrito en un formulario. El rol de administrador se asigna desde la configuración del servidor, nunca desde el navegador.
El punto más delicado es la condición de carrera: dos personas que piden el mismo horario casi a la vez y ven que está libre. La solución es una transacción atómica (una operación indivisible), en la que comprobar la disponibilidad y guardar la reserva ocurren juntos.
El texto insiste en que ocultar un botón no alcanza como control. Cada permiso tiene que verificarse del lado del servidor.

Búsqueda de salas para una fecha, horario y cantidad de asistentes.
Gestión, indicadores y prueba final
La vista Mis reservas muestra solo los registros del usuario autenticado, aunque alguien intente acceder a datos ajenos modificando un identificador. Cancelar no borra la fila: cambia su estado y libera el horario, lo que preserva el historial.
El panel de administración permite editar salas y crear bloqueos por mantenimiento. Si un bloqueo coincide con una reserva confirmada, la aplicación lo impide y muestra el conflicto en lugar de cancelar reservas de manera automática.
Con datos reales cargados, el panel calcula reservas y cancelaciones, además de las horas reservadas por sala. La autora advierte que esas cifras no equivalen a una ocupación real, porque la aplicación no registra si las personas asistieron.
La verificación propuesta es manual y concreta: con una reserva de una hora y otra de dos, el panel debe marcar tres horas, y al cancelar la primera tiene que bajar a dos.
El último prompt recorre el circuito completo con dos cuentas y pide distinguir las pruebas ejecutadas de las comprobaciones pendientes. También exige que publicar una actualización no reinicie la base ni duplique la carga inicial.

Administración de salas y bloqueo de períodos.
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