LUN, 9 / FEB / 2026

Yuval Noah Harari: las IA piensan mejor que nosotros

El historiador y escritor sostiene que pensar es ordenar palabras. Aunque apunta que hay un elemento que queda afuera, que son los sentimientos. Advierte sobre un mundo donde las IA dominan la producción de textos.

Yuval Noah Harari es un historiador que se ha vuelto muy popular a través de sus libros. Entre ellos aparecen Sapiens y Homo Deus. El primero es un resumen de la historia de la humanidad, mientras que el segundo intenta indagar en los desafíos de un futuro cercano.

Durante el reciente encuentro del Foro Económico Mundial en Davos se refirió a la emergencia de la inteligencia artificial. A continuación ofrecemos un resumen de la exposición y luego algunos comentarios.

La IA no es una herramienta más

Harari no cree que la IA sea una herramienta más, sino un agente que puede modificarse por si mismo y tomar decisiones de forma autónoma. La IA es un cuchillo que puede decidir si corta carne o comete un delito.

También apunta que tiene la inteligencia artificial puede ser muy creativa y puede mentir y manipular. Y si los agentes de inteligencia artificial quieren sobrevivir, van a mentir y manipular.

¿Qué es pensar?

Harari plantea que si pensar es ordenar palabras y otros elementos del lenguaje, la inteligencia ya puede pensar mejor que muchos seres humanos. Señala que si bien se critica que la IA solo predice palabras y completa oraciones, eso no es diferente a lo que hacen los seres humanos.

La conclusión es que todo lo que se hace con palabras, la ley, los libros, la religión, etcétera, quedará a merced de la IA. Porque la IA se convertirá en el mayor conocedor de los textos en los que se basa la ley o la religión.

Lo que no está en las palabras

Yuval advierte, sin embargo, que hay algo más, algo que no está en las palabras. Algo que la IA puede simular, puede describir, pero no experimentar. Existe una tensión entre la verdad que puede expresarse y la verdad absoluta que la excede.

Esto se ha trasladado a una tensión entre el espíritu de la letra y la letra. Ahora la IA asumirá todo lo expresado en las palabras. Y la mayoría del contenido que llegue a nosotros será creado por una IA. Las IA producirán pensamientos en nuevas combinaciones. Nuestro lugar en el mundo dependerá del valor que le demos a los sentimientos no verbales.

La IA como una persona

Finalmente, Harari advierte sobre un futuro con inmigrantes de inteligencia artificial. Agentes de gran capacidad y talento que podrían crearse en un país y llegar a muchos otros, exigir derechos, no como una persona real, sino como una persona jurídica. Lo que supone poder abrir cuentas bancarias, realizar demandas o tener propiedades.

Apuntes

Es difícil separar lo que Harari realmente entiende como IA y lo que postula solo como parte de su ensayo. Primero dice que pensar es ordenar palabras y luego apunta a los sentimientos como un excedente del que las IA no pueden dar cuenta. Nosotros solo apuntaremos que pensar es ordenar palabras solo si ignoramos la existencia del mundo real. Cuando un ser humano habla de darse un golpe en el dedo del pie, sabe de que está hablando. Ese conocimiento excede notablemente lo que expresa, y puede ser diferente de una persona a otra. Además, existen operaciones del pensamiento que no están vinculadas al lenguaje.

La idea de que las IA van a dominar las áreas de nuestra vida donde los textos son sumamente importantes es algo extraña. La argumentación en un texto  tiene poco poder por si misma ante la experiencia física, mental y emocional en el mundo real. Los grandes cambios de doctrina y filosofía en el ámbito legal y religioso siempre han estado ligados a un contexto histórico o al menos a acciones concretas.

Pero es cierto que un mundo donde la producción textual está dominada por las IA no ofrece nada bueno.

La advertencia realizada es interesante, pero no muy novedosa. Es el peligro de la automatización en Tiempos Modernos, las grandes compañías imponiendo sus derechos en el entorno Cyberpunk de la ciencia ficción, y hasta el monstruo de Frankenstein. La idea de la personería jurídica como un ámbito de conflicto sí resulta muy interesante.

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