Hace unos años la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos descubrió que entre 2013 y 2019 Twitter había permitido, por un error en su código, el uso de los números de teléfono y las direcciones de correo de sus usuarios en campañas de publicidad dirigidas. La intención original de la empresa había sido que tal información solo se empleara como parte del esquema de autentificación por dos factores. Pero el daño estaba hecho.
En 2022 la empresa llegó a un acuerdo con las autoridades, pagó una multa de USD 150 millones y aceptó que el organismo monitoreara sus prácticas de manejo de datos hasta 2042. Uno pocos meses después Elon Musk compró Twitter.
Falta de confianza justificada
En 2023 Musk pidió el fin del acuerdo. Se quejó de que la FTC había aumentado de forma agresiva sus demandas en relación a su tarea de control. Apuntó que el motivo era un prejuicio en su contra. El organismo respondió señalando que la adquisición de Twitter por parte de Elon Musk hacía que el cumplimiento del acuerdo fuera dudoso. En parte por el despido de empleados que durante años habían estado a cargo de facilitar la información exigida.
Durante el examen de la petición para el retiro de la exigencia un empleado de la entonces X señaló que en efecto los despidos habían complicado el cumplimiento de esas tareas.
Un nuevo intento
Unos años después, con un contexto político posiblemente más favorable, Musk ha vuelto a realizar el mismo pedido. Esta vez con un argumento aún más interesante. El empresario apunta que el monitoreo debería cesar porque la empresa sobre la que se impuso ya no existe. X fue fusionada con xAI y, posteriormente, xAI fue adquirida por SpaceX. Además, ninguno de los responsables por el sistema de doble autentificación siguen en la empresa y X tiene un sistema de protección de la privacidad de gran nivel. Musk argumenta que la razón del control ya no existe, y la empresa sufre costos adicionales cada vez mayores sin una buena razón.
Ante la petición la FTC ha abierto el periodo de búsqueda de comentarios por parte del público. Las respuestas han sido pocas, pero la mayoría han ido contra la postura de X.
Todo lo dicho supone dos preguntas ¿Tiene Elon razón? ¿Es posible confiar en X?





