CES 2026 deja de ser una feria de productos y se consolida como un mapa de sistemas donde la inteligencia artificial se diseña, se integra y se gobierna como infraestructura que atraviesa dispositivos, redes, energía, cuerpos y entornos.
Autor: Claudio Peña
Del producto al sistema: IA agéntica e IA híbrida
El evento muestra un quiebre: la unidad de análisis ya no es el gadget aislado, sino el sistema integrado de hardware, software, datos, conectividad y energía que funciona de manera coordinada.
La IA agéntica abandona la asistencia reactiva y asume objetivos con planificación y uso de herramientas. NVIDIA exhibe marcos de ejecución para agentes que coordinan múltiples modelos y acceden a servicios externos, mientras que Lenovo y AMD llevan la agencia a la “AI PC” con NPU para inferencia continua y decisiones locales de baja latencia.
Este corrimiento transforma la planificación en una capacidad del sistema más que en una tarea humana, obligando a incorporar políticas de acción, auditoría e intervención humana acotada pero efectiva. A la vez, la IA híbrida reparte tareas entre nube, dispositivo y edge según la latencia, privacidad y consumo energético.
El diagrama de edge computing de la página 9 ilustra cómo la inferencia local junto con coordinación en la nube reduce la dependencia, mejora tiempos de respuesta y protege los datos. El resultado es una inteligencia repartida, no fragmentada, donde la AI PC se convierte en un nodo estratégico que decide cerca del dato y mantiene la continuidad operativa.

AMD reforzó este modelo con sus plataformas Ryzen AI, destacando que la ejecución local de agentes —apoyada en NPUs capaces de manejar inferencia continua— permite que la planificación ocurra cerca del usuario, con menor latencia y mayor control de datos.
Infraestructura que produce inteligencia: plataformas, redes y energía
La plataforma desplaza al chip como medida del progreso. Con Vera Rubin, NVIDIA plantea que la performance real surge de la coevolución de cómputo, datos, algoritmos, interconexión y energía, una lectura que da lugar a la Ley de Huang como sucesora de la Ley de Moore.
Los centros de datos pasan a operar como fábricas de inteligencia: entrenan, infieren, coordinan agentes y optimizan por unidad de energía y tiempo. A la par, el “data movement” se vuelve un cuello de botella tan crítico como el cómputo: mover información consume tiempo y energía, y la latencia milimétrica determina si una decisión llega a tiempo.
La sección de redes subraya la necesidad de coherencia de estado para que el sistema actúe con información consistente en escenarios distribuidos. La energía emerge como límite duro: la expansión de la IA requiere electricidad abundante y estable, sin eficiencia térmica y gestión de carga, el sistema no escala.
Vertiv y otros proveedores presentan soluciones de refrigeración y orquestación que buscan maximizar cuánta inteligencia se obtiene por watt, mientras que la fusión nuclear aparece como horizonte a largo plazo, no como respuesta inmediata.
En paralelo, la interoperabilidad ordena mercados: quien controla los puntos de integración define los flujos de datos y la adopción. Microsoft y Google muestran arquitecturas que permiten mover agentes y modelos entre dispositivos, edge y cloud, creando ecosistemas donde la compatibilidad acelera despliegue sin rehacer cada pieza del sistema.

Vera Rubin, presentada por NVidia, redefine el progreso de la IA como coevolución de hardware, software, redes y energía.
La IA sale de la pantalla: simulación, robótica, salud, movilidad e interfaces
La IA física conecta permite operar en entornos reales. Antes de actuar, los sistemas trabajan con gemelos digitales que modelan ensayos de materiales. En las páginas 15 y 16 se detalla cómo NVIDIA y Siemens integran la simulación para reducir errores y anticipar consecuencias.
La robótica humanoide deja de ser un espectáculo y avanza hacia la utilidad repetible: Tesla Optimus prioriza la estabilidad y manipulación en tareas industriales, Boston Dynamics y Figure AI muestran coordinación bimanual y control corporal, Agility Robotics integra Digit con plataformas de IA física para mover objetos mientras navega espacios pensados para personas (páginas 20 a 22).
La salud digital incorpora IA al cuerpo mediante sensores y wearables que capturan biomarcadores de manera continua. Samsung y Withings articulan señales correlacionadas, y Google aporta análisis que contextualiza desvíos respecto del patrón personal.
El riesgo de dependencia se atenúa con interfaces que informan sin sustituir criterio: Apple enfatiza en mantener al usuario en el centro.
En movilidad, el vehículo deviene en nodo cognitivo que decide localmente con cámaras y radares, mientras la nube coordina y la simulación valida escenarios peligrosos antes de desplegar en la calle. En todo este arco, la visualización es condición de control humano. Las páginas 17 y 18 remarcan que una interfaz clara mejora la seguridad volviendo comprensibles los datos, incluso la XR (realidad extendida por sus siglas en inglés) se reubica como herramienta operativa para supervisión espacial (página 19). Así, mirar ya no es accesorio: es el modo de sostener la confianza informada en sistemas autónomos que funcionan de manera continua.

El mensaje transversal de CES 2026 es que la robótica humanoide no avanza por promesas generales, sino por integración progresiva en tareas concretas y entornos controlados. El humanoide deja de ser un símbolo futurista y pasa a ser una pieza funcional dentro de la infraestructura de IA física que el evento expone en su conjunto.
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