Hace unos días les contamos como Amazon había creado un ranking que media el consumo de tokens de sus empleados. La idea era sencilla, exponer el nivel de adaptación o aprovechamiento de la tecnología. Sin embargo, dado que la métrica solo se enfocaba en el consumo sin un objetivo bien definido o algún criterio de uso, los empleados reaccionaron como cualquier persona con algo de sentido común habría esperado. Comenzaron a pedirle a las IA que realizaran tareas sin impacto alguno solo para no quedarse atrás.
Con el tiempo la compañía se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Por esa razón el Kirorank (Kiro es la IA de la empresa) ha sido eliminado.
Dave Treadwell, vicepresidente de Amazon, le pidió a los empleados que no utilizaran la IA solo por la necesidad de utilizarla. Advirtió que la tabla de posiciones había sido construida con buenas intenciones, pero que terminó por generar costos adicionales.
A pesar de lo aprendido Amazon mantiene su objetivo de que el 80% de sus desarrolladores utilicen inteligencia artificial cada semana y planea invertir unos USD 200 mil millones en infraestructura relacionada.
Cuando llegó la cuenta
La idea de que la capacidad de innovación de los empleados podía medirse según el uso de los agentes de inteligencia artificial, y por tanto los tokens consumidos, se extendió rápidamente entre las empresas tecnológicas. Meta y OpenAI también tienen sus rankings.
En Meta en particular se produjo un efecto similar al de Amazon, pero con la diferencia de que, aunque la exigencia venía de los altos mandos, el ranking fue creado de un modo informal por los empleados.
El susto para muchas compañía llegó con la cuenta a fin de mes. Además, los ejecutivos han comenzado a señalar que el gasto en tokens no se traslada a un beneficio. Es una pena, porque por un costo muy reducido muchos de nosotros podríamos haberles avisado y aconsejado.





