Este Informe USERS pone a ChatGPT Work y a Claude Cowork frente a tres encargos completos de una pyme, resueltos con una sola instrucción por prueba. Más que el resultado final, mide la distancia entre el pedido y el trabajo terminado, incluidas las veces que cada asistente necesita al usuario.
Autor: Claudio Peña
Una newsletter lista, pero sin enviar
La primera prueba parte de una carpeta con diez materiales de un mes y una lista de destinatarios de prueba. La consigna no era redactar la newsletter sino dejarla lista, con libertad para elegir los contenidos, su orden y el asunto del correo.
ChatGPT arrancó sin preguntar y en un minuto y medio entregó la pieza en tres formatos. Descartó el material duplicado, una promoción vencida y una función sin confirmar, y dejó afuera el caso de cliente para no alargar el correo.
Claude se detuvo antes de escribir para hacer dos consultas: qué formato quería el usuario y si debía intentar el envío real. Eligió cinco materiales con un criterio parecido, aunque conservó el caso de cliente con la aclaración de que el dato proviene de un único piloto.
Ninguna de las dos envió el correo, porque las direcciones usaban un dominio reservado para pruebas. Coincidieron en lo más delicado y se diferenciaron en el estilo: una ganó velocidad y la otra, certeza a cambio de dos intervenciones.

La newsletter que armó ChatGPT, marcada como simulación porque los destinatarios y los enlaces son ficticios.
Una aplicación con base de datos
La segunda prueba pedía el sitio de una empresa ficticia de servicios tecnológicos, con un formulario de cotización que guardara cada solicitud en SQLite (una base de datos contenida en un único archivo) y un panel privado para seguir el estado comercial.
ChatGPT trabajó cincuenta y cuatro minutos y pidió permiso varias veces, por ejemplo para instalar dependencias o iniciar el servidor. Armó un sitio de una sola página con React, TypeScript y un framework (un marco de trabajo que ordena el código) de tipo Next.
El resultado quedó funcionando en la computadora del usuario. Además, comprobó que las solicitudes de prueba se mantuvieran guardadas después de reiniciar la aplicación.
Claude resolvió lo mismo en doce a quince minutos y sin pedir autorizaciones, porque su entorno corre en un servidor propio. Optó por herramientas mínimas: Node.js con Express y una interfaz escrita sin frameworks.
Al probar la aplicación de punta a punta detectó y corrigió dos fallos reales, uno de estilo y otro por un identificador HTML duplicado. Como el usuario no podía abrir ese servidor desde su navegador, mostró el funcionamiento con un recorrido en vivo y capturas.
En los dos casos quedaron anotados los pendientes antes de pasar a producción, entre ellos cambiar la contraseña por defecto y reforzar la autenticación.

El sitio de Nexo Digital que construyó ChatGPT, corriendo en localhost, con el formulario de cotización conectado a la base.
Análisis de datos y dos temperamentos
La tercera prueba cargó 48 solicitudes ficticias en cada base y pidió una planilla con fórmulas, más un informe para la dirección. La igualdad de condiciones no fue automática: ChatGPT sumó los datos a tres registros previos y alcanzó el límite de uso a mitad de la carga.
Claude armó nueve hojas con 229 fórmulas, las recalculó sin errores y contrastó cada cifra contra consultas directas a la base. Su lectura puso el acento en la conversión: la consultoría en IA concentra el mayor interés, pero no cerró ninguna operación.
ChatGPT produjo siete hojas con 1.184 fórmulas y separó con buen criterio las solicitudes comerciales de las pruebas técnicas. Su informe se ordenó alrededor de las prioridades de gestión, como los casos que siguen abiertos o los presupuestos sin definir.
El balance muestra menos una carrera que un contraste de estilos. ChatGPT fue más veloz en la tarea creativa, mientras que Claude resolvió el desarrollo con mayor soltura. Ninguna falló en lo importante ni inventó datos.
Para el autor, una sola instrucción ya llega lejos, aunque el paso a producción, con envíos reales y credenciales verdaderas, sigue en manos de una persona.

El informe comercial de ChatGPT, con la interpretación separada de los hechos y las cifras conciliadas con SQLite.
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